CÓMO FOMENTAR UNA AUTOESTIMA SANA EN NUESTROS HIJOS

Todos queremos que nuestros hijos sean felices, y la felicidad va de la mano con la autoestima. Si no nos valoramos, si no nos queremos, si no confiamos en nosotros mismos y en nuestras capacidades es difícil que seamos felices.

Los padres desempeñamos un papel fundamental en el desarrollo de la autoestima de nuestros hijos. Somos los responsables de sentar las bases sobre las que se irá construyendo su autoestima e identidad.

 

CUANDO SON BEBÉS

 

 

De los 0 a los 2 o 3 años el bebé desarrolla el apego, que puede ser seguro o inseguro. Si el bebé desarrolla un apego seguro, partirá de una autoestima sana, mientras que si desarrollo cualquier de los tres tipos de apego inseguro (resistente, evitativo o desorganizado) su autoestima se verá afectada.

Para que nuestros hijos desarrollen un apego seguro en esta etapa, es importante que reaccionemos de forma apropiada, rápida y consistente a todas sus necesidades. Cuando son tan pequeñitos, los bebés lloran como forma de comunicación, no porque sean caprichosos, no porque sean mimados, no porque quieran ser el centro. Lloran porque te necesitan, así que en ningún caso hay que dejar que el bebé llore “para que se acostumbre”. Esto es una creencia antigua que a día de hoy sabemos que afecta considerablemente de forma negativa a los bebés. Asimismo, tendremos que estar pendientes de formar un vínculo paternal seguro, que nuestros hijos se sientan protegidos y queridos incondicionalmente.

 

¿Qué podemos hacer cuando son bebés?

 

  • Abrázale y bésale mucho, no hay límite para el amor.
  • Recuérdale lo mucho que le quieres. Muchas personas piensan que al ser tan pequeños no se enteran o que luego no lo recordaran, pero esto no es así.
  • Pasa el máximo tiempo posible con él y que sea tiempo de calidad, no viendo la tele.
  • Interactúa todo lo que puedas. Háblale, explícale el mundo, ríete con él.
  • Si crees que está haciendo algo mal o peligroso, explícale por qué es así.
  • Juega con él, es la forma más sencilla que tienen de aprender.
  • Deja que intente las cosas solo, que aprenda, que tenga un cierto sentido de independencia.
  • Si tienes un mal día, intenta respirar 10 veces antes de dirigirte a tu familia, para no pagarlo con ellos.
  • Se coherente en tus respuestas.

 

 

NIÑOS Y ADOLESCENTES

 

 

Cuando el bebé crece, y ya es un niño o adolescente, nuestra influencia sigue siendo muy importante aunque pierde peso con respecto a sus amigos o posibles parejas. Es muy importante que nuestro hijo sepa que puede contar con nosotros, que le apoyamos, que le queremos de forma incondicional a pesar de las peleas que pueda haber en esta etapa. Probablemente haya dejado de compartir todo con nosotros, o quizás nos evite o no muestre interés en pasar tiempo con nosotros, pero es algo propio de la edad. Mientras tanto:

  • Acepta a tu hijo tal y como es. Sus creencias, pensamientos y apariencia. Incluso si se ha hecho rastas, se tiñe el pelo de verde y defiende al partido político que más odias.
  • Apóyale en sus decisiones aunque no estés de acuerdo. Por supuesto que tenemos que tener claro cuáles son los límites para poder transmitírselos.
  • Explica los límites. Nada de decir “porque lo digo yo”, “porque esta es mi casa” o “porque soy tu madre”. Si tu hijo no quiere ir al cole, eso no es una opción, así que explícale por qué.
  • Corrige lo que consideres necesario desde el amor. Los gritos, el castigo, el insulto o vejación no sirve absolutamente de nada.
  • No le pongas etiquetas, y si se las pones que sean positivas. Esto también aplica a cuando son bebés. Cuidado con llamarle “malo”, “vago”, “gordo”, “desordenado”, “malcriado”… las etiquetas nos afectan y condicionan en nuestra edad adulta y pueden ser tremendamente limitantes.
  • Recuérdale sus virtudes, por qué destacan, qué se les da bien, por qué son especiales. Solemos fijarnos en los defectos, cuando en realidad hay que potenciar las virtudes.
  • Deja que se equivoque. Enséñale que equivocarse o cometer un error no es ni un fracaso, ni algo que le defina como persona. Equivocarse sirve para aprender.
  • Cuidado con transmitir tus miedos, inseguridades y traumitas, porque pueden hacerlos suyos. Es mucho más importante lo que observan de nosotros nuestros hijos, que lo que les decimos. Si quieres transmitir a tu hijo que se acepte y quiera tal y como es, quitándole peso a los cánones de belleza, de nada sirve si te ve yendo todos los días 2h al gym o tardando 3h en arreglarte. En este punto, puedes identificar cuáles son tus miedos e inseguridades para tener cuidado a la hora de transmitírselos. Lo ideal sería que te los trabajases, que los superases y te liberases de ellos para así no transmitírselos, y si no, tener claro que es exactamente lo que le quieres transmitir para dedicarle tiempo.
  • Intenta condicionarle lo menos posible con tus creencias. Lo que fue mejor para ti a su edad no tiene por qué serlo para él. La carrera que tú crees que debe estudiar puede llevarle a la amargura, que clase de amigos debe tener, cómo debe vestir, qué es bueno o malo, mejor o peor en esta vida, deberá decidirlo él. Por supuesto que podemos compartir nuestra opinión, pero no imponérsela.
  • No le compares con sus hermanos, primos o amigos. Ni en actitud, ni en notas, ni en apariencia. Las comparaciones son contraproducentes, tanto en niños como en adultos.
  • Celebra todos sus éxitos, pequeños pasos o mejoras que vaya haciendo. Es importante que reconozcamos lo bueno, y a veces se nos olvida.

 

 

MI EXPERIENCIA PERSONAL

Como hija, creo que he tenido mucha suerte con los padres que he tenido porque siempre he tenido una autoestima sana. Mi madre se encargó mucho de nuestra etapa inicial, dedicándonos todo su tiempo, atención y amor. Siempre ha apoyado nuestras decisiones aunque seguro que más de una vez no estaba de acuerdo, me apoyó cuando dejé mi primera carrera, o cuando decidí dejar todos mis trabajos o irme a vivir a Argentina. Mi padre siempre nos repetía una y otra vez que seríamos capaces de conseguir todo aquello que nos propusiéramos (y ahora es una creencias que tengo súper instaurada), o nos llama por teléfono sólo para recordarnos que nos quiere mucho. Si suspendíamos asignaturas, no nos regañaban o castigaban por ello, sino que nos daban una charla desde el apoyo, haciéndonos responsables y preguntándonos que había podido pasar. Siempre he tenido claro el amor incondicional que sienten mis padres hacia mi hermana y hacia mí, y siempre se han encargado de recordárnoslo.

Como madre de un bebé de 4 meses no he tenido mucho margen de maniobra y me espera toda una aventura por delante, pero prácticamente todo mi tiempo se lo dedico a ella. La beso y abrazo mucho, muchísimo, y puedo decirle que la quiero unas 100 veces al día. Intento anticiparme a su llanto, tanto por hambre, atención, dolor (gases) y cariño. Y todos los días le digo lo buena, especial y bonita que es. Mantengo bastantes conversaciones con ella, e intento explicarle un montón de cosas. Probablemente no entienda nada, pero me escucha. Si le digo que es preciosa, dado que no quiero que eso sea un valor para ella, inmediatamente le digo que lo verdaderamente importante es ser buena y ser feliz. Si le digo que no puede coger algo, le explico por qué no puede hacerlo.

 

Espero de corazón que os sirva toda esta información, y que juntos hagamos personas buenas, felices y que se quieran mucho. Recuerda que no sirve de nada juzgar a nuestros padres o nosotros mismos como padres, todos lo hacemos lo mejor que podemos y sabemos, siempre desde el amor.

Cualquier sugerencia, comentario o duda será bienvenida, y compártelo con aquellas personas que creas que pueda ayudarles.

¡Un abrazo!

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