¿Culpable, víctima o responsable?

Solemos echar la culpa de lo que nos pasa  al exterior, ya sea a una persona, a un hecho o al universo.  Cuando un factor externo “contribuye” a nuestro malestar se convierte automáticamente en el culpable y nosotros en una pobre víctima.Tendemos a asociar culpable a malo y víctima a bueno, y una víctima necesita ser cuidada, atendida y protegida, incluso vengada por justicia.

Pero en realidad, somos los únicos responsables de lo que nos pasa y de lo que hacemos, y cuando antes nos demos cuenta, antes podremos hacernos cargo y conseguir aquello que nos propongamos. Quedarnos en el papel de víctima nos lleva a la inacción y al conformismo, necesitando el apoyo de otros o el autoconsuelo.

Responsabilidad de nuestros sentimientos

Los factores externos pueden ser el estímulo a nuestro malestar, pero no su causa. La causa de nuestros sentimientos son los juicios e interpretaciones que hacemos sobre los verdaderos hechos.

Por ejemplo, podemos sentirnos tristes porque Juan nos ha gritado. Pero, ¿realmente estamos tristes porque Juan ha elevado 10 decibelios el volumen de su voz, o porque enjuiciamos que Juan no nos valora, no nos quiere, o no nos respeta? Juan elevando su voz es el estímulo a nuestro malestar, pero la causa de nuestra tristeza son los juicios que hacemos sobre el hecho.

¡Ojo! Asumir nuestra responsabilidad no quiere decir que entremos a juzgar si lo que ha pasado está bien o mal, o si lo que ha hecho Juan es correcto o no, o si nuestros juicios, interpretaciones o explicaciones son certeras o erróneas. Lo que realmente importa es todo aquello que podemos hacer para remediarlo,todas las posibilidades que se nos pueden presentar y valorar si las explicaciones que tenemos nos ayudan a resolver el problema o no. Lo que realmente importa es tomar las riendas y hacernos cargo de la situación.

Responsabilidad de nuestros actos

De la misma manera que tenemos que hacernos responsables de lo que nos pasa, también es importante asumir la responsabilidad de lo que hacemos y de lo que sucede bajo nuestra responsabilidad. A veces, justificamos nuestros actos también con factores externos excusándonos de toda responsabilidad.

Marshall Roosenber cita los principales motivos por los que negamos la responsabilidad de nuestros actos:

Motivos difusos e impersonales: <<Ordené mi cuarto porque es lo que hay que hacer>>.

Estado de salud, diagnóstico o historia personal: <<Bebo porque soy alcohólico>>.

Lo que hacen los demás: << Le pegué porque me insultó>>.

Órdenes de la autoridad: <<Me lo dijo mi jefe, tenía que hacerlo>>.

Presiones de grupo: <<Fumo porque mis amigos fuman>>.

Políticas, normas y reglas institucionales: << Tengo que despedirte porque es la política de la empresa>>.

Roles según sexo, posición social o edad: <<Tengo que ir a trabajar porque soy el padre de familia>>.

Impulsos irrefrenables: <<No pude resistirme y compré una pizza>>.

¿Te suenan? A mi los motivos difusos y los impulsos irrefrenables me atacan con bastante frecuencia 😉

Y tú, ¿eres culpable, víctima o responsable?

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